Texto


La pintura como búsqueda espiritual

Símbolo, intensidad  y contemplación

(Texto para una charla pronunciada el 7 de Abril, 2011. Torreforum, Torrelodones. Madrid)

Juan Carlos Savater

Para comenzar esta pequeña introducción, quiero citar una frase de Daisez Teitaro Suzuki, el gran divulgador del arte y la espiritualidad de Japón en general y del budismo zen en particular. Dice así:” El arte no se estudia en Japón por el arte mismo, sino para iluminarse espiritualmente. Si el arte se detiene en el arte y no conduce a algo más profundo y más fundamental, es decir, si el arte no se hace equivalente a algo espiritual, el japonés no lo considerará digno de ser aprendido”.

No hace falta ser japonés para compartir este planteamiento y, de hecho, han sido muchos los artistas de otros lugares que, de un modo u otro, también lo han compartido.

Mi intención con esta charla es hacer un pequeño recorrido personal y señalar algunos puntos clave de un tipo de pintura, o de una concepción de la pintura, que, a lo largo del tiempo y de muy diversas maneras, ha buscado explícitamente representar lo sublime. Es decir, ha intentado señalar hacia algo más allá o más acá de las apariencias del mundo. Algo que se puede representar a veces como transcendiendo totalmente este mundo y otras simplemente como transfigurándolo o iluminándolo y casi como haciéndonoslo visible por primera vez.

Por supuesto, este tema, por su amplitud y aparente indefinición,  necesariamente no podrá ser enfocado como un mapa ni mucho menos exhaustivo y sistemático de obras y artistas… No trato aquí de ninguna “escuela” o “tradición” determinada de pintura, ni de ninguna moda cultural o movimiento artístico.  Tampoco quiero hablar exclusivamente de unos “temas” específicos que han sido considerados como pintura religiosa a lo largo de la historia, porque que un cuadro tenga un “tema” espiritual o religioso, no lo convierte necesariamente en una pintura realmente espiritual o religiosa, al menos al nivel profundo al que trato de hacer referencia. Así es que esta charla debe de ser considerada más bien simplemente como un pequeño paseo personal, que me gustaría compartir con ustedes, por algunas obras y pintores que especialmente me han conmovido y me han formado y creo que también pueden resultar elocuentes a la hora de señalar ciertas características de esta búsqueda espiritual en y con la pintura. Respecto a los artistas que nombro, son todos los que están, pero ni mucho menos están todos los que son… Hay, por supuesto, una infinidad de obras y de pintores que no he podido incluir en este personal itinerario aunque deberían también figurar en él. Pero hago un recorrido necesariamente bastante general. Entre todos los que no he incluido pero podrían estar, quiero tan sólo hacer mención especial de dos muy cercanos; pintores españoles ambos y contemporáneos, que son los veteranos pintores Antonio López y Cristino de Vera, los cuales me honran con su amistad y por los que tengo un enorme respeto y gratitud.

Hace ya bastantes años que la pintura empezó a ser arrinconada más y más por el furor y la devoción del mercado del arte por lo que se llaman “nuevos” medios y empezaron ya a proliferar y a recibirse también con agrado y bendecirse y promocionarse, un sinfín de “nuevas” ocurrencias y “nuevas” majaderías… que es en lo que actualmente estamos.  Este estado de cosas, parece haberse consolidado plenamente hoy, por el momento y por desgracia, como lo “políticamente correcto” dentro del mercado del arte contemporáneo. Hace algunos años, cuando toda esta especie de lavado de cerebro se estaba ya empezando a consolidar en nuestro país, tuve la oportunidad de dar un taller de pintura con gente joven, e intenté entonces en una charla, afianzar la validez y actualidad de la pintura y estimular su amor por ella, intentando contrarrestar así la posible atracción de los participantes hacia estas bobadas emergentes… esa charla ha sido tal vez la semilla para la charla de hoy. La titulé:”Alimentar la pintura” y en ella quise transmitirles la idea de que, a no ser que su propia pintura se “alimentara” o se motivara con algo urgente y esencial para ellos mismos, en sus propias vidas…o por decirlo de otra forma: hasta que su pintura no fuera en algún sentido, siempre esencialmente “autobiográfica”, nunca pasaría de estar en la superficie y abandonarían pronto su dedicación a ella… Yo personalmente creo que ese algo urgente y esencial para los pintores, pero también para los no pintores, no es otra cosa que el anhelo de sondear el profundo y básico misterio de nuestra propia existencia. No es difícil llegar a comprender que, aún adoptando la forma de infinidad de objetivos y deseos que tenemos en la vida, hagamos lo que hagamos y busquemos lo que busquemos, nunca hacemos en realidad otra cosa que buscar tácitamente la resolución o el encuentro con esa paz y ese misterio.

No es extraño entonces que los pintores busquen más o menos conscientemente también la resolución o la visión de este “algo” sublime que es tan íntimo y tan necesario para nosotros. He de decir de antemano, que yo personalmente creo que esta motivación de la pintura es siempre, de un modo u otro, la esencial motivación de toda la “gran” pintura, de la pintura con mayúscula, así que me perdonarán si puedo a veces parecer demasiado poco objetivo o entusiasta…

Por último, en el planteamiento con el que he comenzado, hay tres conceptos que me gustaría recalcar: El primero es que mi intención en esta charla es referirme a los artistas que “explícitamente” tratan este tema. Otro punto clave es a qué me refiero cuando digo:”a lo largo del tiempo”. Y finalmente, en tercer lugar, recalcar que mi deseo es hablar de la pintura que apunta hacia “lo sublime” y qué quiero decir con eso.

Cuando digo que quiero referirme a los pintores que tratan este tema “explícitamente”, es porque hoy en día el término “espiritual” es algo a veces  demasiado indefinido y neblinoso, porque corresponde a una idea superficial y descafeinada de la espiritualidad, que es la predominante. Decir que la pintura, como la poesía y la música por ejemplo, es una cosa “espiritual”, es ya un tópico…Solemos decir que son cosas del espíritu… o del alma…o de la mente…subjetivas…y aquí ya, lógicamente, en esta suave pendiente… bajo la etiqueta de “espiritual” empieza a caber todo y cualquier cosa… En cierto modo, tal vez se hace un uso abusivo de esta palabra:”espiritual” y ha pasado como con tantas otras palabras, que se ha gastado y desdibujado.

Sin embargo, más allá de esto, es una gran verdad que todo puede ser espiritual en el sentido más profundo y correcto del término, y a un nivel que muy poca gente sospecha. Es decir: verdaderamente todos nuestros actos, si hay en ellos una devoción (o concentración, o amor, como queramos llamarlo) y una entrega, un desaparecer o morir en ellos, puede decirse que “son plenamente espirituales”, es decir, están tocados por la bienaventuranza y la inocencia. Podemos decir incluso, que es como si no nos pertenecieran del todo. La pintura, desde luego, muy a menudo alcanza, incluso a pesar del pintor, ese nivel de entrega y devoción…Yo quisiera referirme aquí, a ese voluntario intento de representar lo trascendente. Es decir, que todo el anhelo del pintor se centra, de una manera u otra, en esa búsqueda y la belleza de la pintura surge por lo tanto en función de ese anhelo. En este sentido, como ya comenté antes, puede decirse que mucha pintura oficialmente religiosa o de tema religioso, aun cumpliendo bien su función decorativa o incluso como soporte de la devoción, no pasa de ser superficial y convencional, mientras que, por otra parte, está claro que mucha pintura digamos “casual” o aparentemente mundana (y desde luego oficialmente no religiosa), alcanza sin embargo esa elocuente intensidad y hondura espirituales a la que quiero referirme.

Cuando digo: “a lo largo del tiempo”, no quiero indicar con ello, por supuesto, ningún tipo de evolución o progreso. Todo lo contrario, estoy convencido de que no sería posible. Aún estando la pintura en general, como todas las artes, sujeta a los naturales devenires y modas históricas (habría que decir también de paso, que estos devenires y estas modas culturales, tampoco van hacia ningún lado ni progresan realmente en absoluto) Aun estando sujeta a estos devenires, digo, el tipo de pintura al que me quiero referir, es necesariamente siempre atemporal y la mayoría de las veces intempestiva, precisamente, porque el  anhelo que las motiva suele ser también atemporal e intempestivo respecto a las sucesivas visiones convencionales de la existencia. No voy a seguir por lo tanto tampoco ningún orden cronológico. Por otro lado, yo sólo soy un pintor, y ante un cuadro lo último que veo es si este es antiguo o contemporáneo… Símbolo, superficie, intensidad, belleza, emoción, es todo lo que me importa. Centrándolo más en el tema de la charla, cuando en los Salmos se dice:”Oigo en mi corazón: Buscad mi Rostro”…poco me importa el cuándo o en qué contexto social ese Rostro se buscó, sino cómo se busca o cómo se buscó y la belleza o la intensidad del encuentro.

Por último, cuando hablo de que esta pintura trata de representar lo sublime, me refiero también, claro está a ese Rostro del salmo que acabo de citar. Ese Rostro tiene infinidad de nombres, aunque siempre paradójicamente lo más acertado para nombrarlo de verdad, sea el silencio… Siendo sólo un pintor, nada más debería decir sobre esto último. Como pintor, puedo hablar de lo sublime a través de la pintura, pintando mi propia obra o compartiendo mi emoción con la obra de otros… Por lo tanto, espero que las obras y los pintores que iré comentando a continuación, sean también un poco como pinceladas que puedan esbozar, aunque sea sólo apenas, ese Rostro del que hablan los salmos.

“Yo busco en mí mismo la Isla del Tesoro”. Estas palabras del pintor inglés Stanley Spencer (1891-1959) heredero y continuador de la larga tradición figurativa inglesa, son la expresión de una tendencia, de una actitud que convierte tanto su vida como su obra, en un camino de realización espiritual, en una vía sin retorno hacia el conocimiento de su verdadera naturaleza. En este pequeño cuadrito titulado:”Levantándose del sueño al amanecer” (que pertenece a una serie de cuadros que realizó con el tema de Cristo en el desierto), la figura de Cristo parece zambullirse hacia la luz y hacia las alturas, como desde el cáliz de una flor; su cuerpo permanece sin embargo enraizado en la tierra, en el centro de un cráter similar al de una explosión o una catástrofe….Una cierta catástrofe parece preceder siempre a los grandes despertares…Este pequeño cuadro tan extraño e intemporal, está lleno de significados y enseñanzas para cualquier buscador de “la isla del Tesoro” dentro de uno mismo. La más evidente y simple de todas ellas, es que tal grado de rotundidad e inocencia, sólo puede lograrse con una emoción verdadera, urgente y profunda. Significativamente Stanley Spencer también escribió:” Amor es el poder esencial de la creación artística…, la más necesaria adquisición”.

stanley spencer

Ese amor lleva a veces a su pintura a un aprecio tan radical y exagerado de la imperfección y la caducidad, que muchas de sus obras realistas nos desconciertan y nos sobrecogen, como este titulado “Autorretrato con Patricia Preece”.

stanley spencer 2

Otras veces sin embargo, ese amor conduce su pintura a transfigurar su mundo doméstico y sus personajes cotidianos y convertirlo en el escenario sorprendente de los misterios cristianos, todo ello bañado en una eterna luz matinal, como en este titulado “Cristo llevando la cruz”.

stanley spencer 3

Esa misma luz matinal portadora de energías divinas que parecía bañar el primer cuadro de Spencer, esa luz increada  expresión de totalidad, la encontramos en este “San Francisco en éxtasis” del célebre pintor veneciano Giovanni Bellini. Aún a pesar de las diferencias formales, el espíritu de esta obra y del Cristo levantándose al amanecer de Spencer es el mismo: entregarse a esa luz-totalidad y sentirse uno con ella.

giovanni bellini

Es imposible no sentirse identificado con la solitaria figura de S.Francisco en este cuadro de Bellini, veremos este recurso a menudo…una sola figura absorta,  reflejando la luz y recibiendo su calor…tan sabiamente descentrada en la composición …enviando nuestra mirada después de ella hacia el paisaje de infinitas lejanías y también inundado de luz…

Esta ascesis y este ofrecerse y entregarse a la luz ¿No es también lo mismo que realiza el pintor con su obra? En este doble aspecto, tanto espiritual como artístico de entrega propia a la luz, tal vez no exista un paradigma más claro que el de Vincent Van Gogh. En su cuadro “El sembrador” el tema principal del cuadro, es realmente el sol, absolutamente central, y la luz misma. No es casual, por supuesto, la directa referencia al sembrador bíblico (incluso vemos unos cuervos que comen algunas de las semillas como en la parábola) pero principalmente este cuadro es un símbolo perfecto de  la vida de este artista en particular (que literalmente terminó sembrando incluso su propia vida en estos campos y en este sol) y en cierto modo, de la de todos los pintores en general. El sembrar, ese dar paso a paso la vida en la luz para que la vida crezca en la luz, milímetro a milímetro ¿No es imagen de una ascesis universal y al mismo tiempo, de la propia pintura? Las cartas de Vincent a su hermano Theo, dan testimonio del sentimiento profundamente espiritual que Van Gogh tenía, no sólo de la existencia, sino de la pintura y de su función. Él escribe con humildad, que la pintura debería ser “consoladora”. Es decir, que debería ayudarnos a navegar en las tormentas de la vida (algo que Van Gogh llegó a conocer muy bien…), que debería recordarnos, aunque fuera sólo unos instantes, la belleza y el misterio… lo que realmente somos…nuestra filiación divina…

vincent van gogh

Sus cuadros, ya sean paisajes, figuras o bodegones, retratan siempre lo cotidiano. Sin embargo, la intensidad con la que están pintados y la pasión de su vida, pueden convertir el tema más trivial en un símbolo universal. Como en este bodegón, cuyo tema son sencillamente sus propias botas (“Bodegón de los zapatos”). Lo sublime, desde luego, no puede ser algo lejano y ajeno a nosotros, porque en ese caso ni siquiera podríamos tener un anhelo o una añoranza de ello, como de hecho, más o menos abiertamente, siempre sucede. De ahí esa insistencia de casi todos los caminos religiosos en apreciar y profundizar en lo cotidiano: ese “Dios está también entre los pucheros” de Santa Teresa. En este caso, estas botas de Van Gogh ascendidas a la categoría de bodegón y pintadas con tanta energía y ternura, se convierten también en un símbolo de su valor e independencia.

vincent van gogh 2

Entre los bodegones que mejor han combinado esa eterna luz matinal que señalábamos al comienzo, con la sensación de profunda quietud y simplicidad, están, por supuesto, los del pintor español Francisco de Zurbarán. Como en este pequeño bodegón: “Taza de agua con rosa en plato de plata”. Lo sublime, se nos presenta constantemente con esta naturalidad y sencillez. Realmente no es algo difícil de ver, porque se muestra a cada instante y en cada circunstancia, lo que sucede es que tendemos siempre a no permanecer ahí el tiempo suficiente para poder verlo, y pasamos de largo buscando siempre no sé qué otra cosa que, en realidad nunca alcanzamos, porque es sólo conceptual y  no existe…No sólo descubrir esa sublime cotidianidad, sino pintarla también con esta maestría, es sin embargo ya otro cantar…

zurbarán

Pintar, es como un recorrido… Es realmente ver algo por primera vez, fragmento por fragmento y en su totalidad. Recrearlo…Es mucho más que hacer una imagen. Es realizar un objeto que contiene imagen, tiempo, espacio y vida. Pintar es tiempo y movimiento (se pinta siempre con todo el cuerpo). Es como una ascesis. Y digo todo esto, ante la imagen del bodegón de Zurbarán, haciendo una referencia directa a la fotografía, porque hay mucha gente actualmente, incluso pintores, que piensan equivocadamente que las realidades pintadas, sean o no sean tan reales como las que ahora tenemos delante, están al mismo nivel que la fotografía… Pero aunque esta última tenga sin duda sus funciones, la similitud entre la pintura y la fotografía con respecto al arte y a la realidad, por muy artística que sea la fotografía, es la misma que hay entre dar un paseo a pie por una montaña y ver en casa un documental de esa montaña o de ese paseo. En ambos casos se obtienen unas imágenes y un conocimiento pero…creo que no me hace falta explicar nada más…

Como he dicho, toda la pintura de Van Gogh está marcada por una intensidad y un dramatismo inusuales, visible en alguna medida, hasta en los temas más triviales. Hay sin embargo un grupo de bodegones, que me parece que añaden aún una dimensión nueva a todo esto. Se trata de los que dedicó a los nidos de pájaros. Este es uno de ellos (“Bodegón con nidos de pájaros”). En él, estos humildes y casuales objetos de la naturaleza, se convierten directamente en una profunda y exacta representación del misterio del nacimiento y la muerte… de la fragilidad y la fuerza de lo natural…de sus luces y sombras…porque tanto en esa entrega a la luz de la providencia divina que señalábamos antes, como en el acto de pintar, hay siempre algo que nos parece una lucha, un dejarse la piel…y algo también de fragilidad y de juego…

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Este es un cuadro de un pintor que fue contemporáneo y, en su momento, amigo de Van Gogh, el pintor francés Paul Gaugin. El cuadro se titula “Visión después del sermón (Jacob luchando contra el ángel)”.

paul gaugin

Un grupo de mujeres bretonas, tras la misa y el sermón dominical, y vestidas con su traje característico,observan el combate entre Jacob y el ángel. La Biblia narra esta breve y misteriosa historia… cómo Jacob luchó toda la noche con un ángel del Señor, para que este le bendijera. Aunque resultó herido en una rodilla, logró vencer y tras esta noche de fe y de lucha espiritual, recibió del ángel el nuevo nombre de Israel, que quiere decir precisamente:”El que lucha con Dios”. Esta imagen de Jacob luchando contra el ángel, se ha utilizado mucho en pintura, no sólo como alegoría del combate espiritual, sino también del combate del pintor con la creatividad y con su obra. Es como un segundo nacimiento. La gente que nace no una, sino dos veces, construye, en ese tiempo entre el nacer y el morir ,“algo de lo que alegrarse”  como lo calificó el poeta inglés T.S.Eliot…Las palabras finales de su famoso poema “Miércoles de ceniza” podrían ser, sin duda, palabras pronunciadas por Jacob durante su combate con el ángel:”No me permitas permanecer separado y llegue hasta Ti mi clamor”.

gustav doré

Esta es otra versión de “Jacob luchando contra el ángel”, en este caso, un grabado del dibujante y grabador, también francés, Gustavo Doré. El combate de Jacob con el ángel es claramente un segundo nacimiento, una especie de iluminación o de conversión. En cualquier caso, siempre una profundización o una revelación espiritual: la verdad. Verdad y belleza son dos aspectos de una misma entidad. En el caso de la pintura, lo que surge de ella, que es la belleza, siempre la recibimos de una forma u otra gratuitamente, se nos da, es una gracia. Aunque hayamos luchado por ella, realmente cuando surge, siempre nos supera y siempre nos sorprende…Debe ser así. Lo totalmente previsible es desde luego muy cómodo, pero el arte jamás es así. Un pintor contemporáneo explicaba muy gráficamente esta sorpresa de ver salir el cuadro, diciendo que este le salía a uno “como por detrás”…

He de decir también, que a menudo en esta lucha de la pintura, igual que Jacob, uno no termina del todo ileso.

Pero, a pesar del drama, ya he dicho que hay algo también de juego en todo esto. Este dramático combate también puede verse como el juego de dos niños que simplemente juegan a luchar, igual que la vida puede verse como una representación teatral. Jacob, en realidad, ya está bendecido por el Señor desde el principio de los tiempos. Los dos luchadores, Jacob y el ángel, son realmente el Señor. Como dice Krishna en el Bhagavad Gita: ”Todos los caminos son Mi camino, cualquier camino que el hombre recorra, le llevará hasta Mi”

Hay otros caminos también en pintura, que tratan de desmontar la realidad para ver lo que hay dentro, como hacen los niños con los juguetes…

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Esta obra es del artista holandés Piet Mondrian. Su título: “Amarilis”. Puede decirse que es el retrato de una flor reducida apenas a una mancha de color… La forma y el color de la flor, junto con el fondo, surgen en el cuadro bellamente sintetizados. Esta es la época de  los inocentes y titubeantes comienzos de la abstracción. Ha comenzado el juego de sintetizar y reinventar la realidad y el mundo…Se  abre otra vía hacia la representación de lo sublime, porque la realidad natural se transmuta más y más en realidad abstracta y va, teóricamente, haciéndose más esencial…espiritualizándose…Poco a poco, parece responder sólo ya a las propias reglas de la pintura…después incluso, esas reglas también se expandirán más y más…

Un pintorcontemporáneo de Mondrian, el pintor suizo Paul Klee, describió la pintura, como:”juegos de inocente profundidad”… A mi entender, es difícil dar una descripción mejor de lo que es la pintura.

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Esta es una acuarela suya: “El Niesen”. Está basada en un lugar real y en un monte real: El monte Niesen de Suiza, cuya forma es  casi una perfecta pirámide… aunque no tan perfecta, desde luego, como en esta visión de Klee. Esta sutil acuarela, no sólo es, por supuesto, un bello conjunto de colores y una sabia síntesis de los bosques y la montaña. La límpida y compacta inocencia de todo el dibujo, su ambiente como de cuento de hadas y  su cielo cósmico de luna, estrellas y soles, la convierten en un objeto mágico y espiritual, que deja desde luego muy, muy atrás, el mero lugar geográfico real que motivó inicialmente la obra…

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Esta es otra obra suya titulada “Antes de la nieve”. El invierno se acerca y el árbol parece trasformar y empalidecer lentamente sus colores… Las líneas nos dibujan su estremecimiento, que responde y tiene ecos en las brisas otoñales del paisaje…Un sólo fragmento de naturaleza, nuevamente, parece abarcar la Creación entera, como en muchas otras obras de Klee… es difícil ya saber si la metáfora visual, está en el límite o es ya plenamente una imagen religiosa.

Klee, como algunos otros pintores de este período,  profundizaron con pasión los más humildes y cambiantes fenómenos naturales ( flores, plantas, estaciones, los cambios de las luces naturales, etc.) a la busca del misterio sobrenatural que se esconde tras ellos. Realmente pueden ser considerados de algún modo, herederos del romanticismo. Todas las obras de Klee contienen una enorme carga espiritual, pero sin embargo poseen también algo inocente y liviano. Esa “inocente profundidad” que el mismo señaló…como si nos dijera graves y profundas verdades sin perder la sonrisa…

La difusión y aceptación mayor de la pintura abstracta, llegó en el año 1936 con los representantes de la abstracción americana. Lo que se llamó expresionismo abstracto. Esta es una obra de uno de los más insignes de ellos, y desde luego el más conocido, el pintor letón nacionalizado americano Mark Rothko. El cuadro se titula “Azul”. He escogido este cuadro, porque  sus colores más naturalistas y el orden también más paisajístico en el que están colocados, provocan muy claramente la sensación física envolvente de atmósfera y de infinitud que Rothko quería buscar en toda sus obras. Todos los representantes de este tipo de pintura, en esta época, hicieron de la pintura misma, de sus campos de color, de su fluir, de sus huellas simples en el lienzo, el “tema” mismo de sus obras. Sin embargo, al mismo tiempo, también ampararon y justificaron sus creaciones con todo tipo de amplias y variadas referencias espirituales. Toda la profundidad de estas referencias: visión primitiva de lo natural,  imágenes míticas, arquetipos jungianos, cosmogonías privadas y diversas fuentes religiosas más allá de los confines de una particular doctrina o religión particular, alimentó, en mayor o menor medida,  la pintura de estos pintores.

mark rothko

Los cuadros de Rothko, nos enfrentan, en una absoluta soledad e inmovilidad, a unos imaginarios y míticos “paisajes” de infinitos horizontes de cielos o mares… En todo caso, inmateriales imágenes de puros vacíos de vibrante color que son la elocuente expresión plástica de una cierta experiencia trascendental…

Rothko, como otros representantes de este movimiento, era judío, y esta expresión contemporánea de la experiencia espiritual y de lo Sublime, voluntariamente despojada de toda imagen, está tan condicionada, por la tradición judía contra las imágenes religiosas ( el judaísmo se opone a las imágenes de lo sagrado), como por la búsqueda de una expresión conceptualmente más “moderna”.

Creo que la abstracción, aún siendo un lenguaje pictórico plenamente contemporáneo, ha perdido totalmente el “aura” trascendente de estos que fueron sus primeros descubridores. A base de ser ampliamente aceptada, ha pasado a ser, como sucedió en su momento con otras convenciones artísticas, un ornamento apenas visible en la decoración moderna de cualquier espacio…Algo que está ahí si molestar y combina bien con todo. Algo en lo que flota, en el mejor de los casos, un levísimo aire de significado y de vida…nada visceral desde luego, ni ya nada espiritualmente trasformador. Como fiel descripción, no de la pintura de Rothko y otros pioneros repito, sino más bien de la superficialidad y lo políticamente correcto del arte actual, recuerdo una frase del teólogo ruso Paul Evdokimov en su precioso libro ”Teología de la belleza”:” Cuanto más vacía de contenido real está la forma, más ilimitada es en cuanto a sus combinaciones”.

Retrocediendo otra vez en el tiempo, y haciendo el camino inverso de lo que en estas cuestiones artísticas se suele hacer, aunque sin perder de vista esa referencia a una experiencia espiritual y a una cósmica inmensidad, vemos ahora este famoso cuadro del pintor romántico alemán Kaspar David Friedrich titulado:”Monje junto al mar”.

kaspar david friedrich 3

A mi modo de ver, Friedrich, ha sido el pintor que mejor ha sabido trasmitir en su pintura su convicción en la intrínseca espiritualidad y religiosidad de la naturaleza. La capacidad de difuminar la distinción entre paisaje y pintura religiosa, que es común a muchos de los artistas nombrados hasta el momento, llega sin duda a su cota más alta con este. (Su obra ha tenido, y  por supuesto, continúa teniendo una gran influencia en todo el arte posterior, incluido el contemporáneo). El descubrimiento de la naturaleza desnuda, como receptáculo y espejo de lo espiritual y como alegoría de lo sobrenatural, es el leitmotiv esencial de su obra. También la figura humana solitaria o algún elemento humano que redoble la inmensidad y le sirva al espectador como entrada a la meditación del cuadro…Como sucede en el cuadro inicial de Spencer y en el San Francisco de Bellini, esta figurita solitaria del monje, somos también nosotros mismos cuando miramos el cuadro.

El mar picado y el horizonte, son un abismo desconocido de oscuridad y peligro…no hay nadie ya, ni hay ya nada tampoco en esta playa, que es  este mundo en el que estamos…sólo nosotros enfrentados a esa profunda y oscura incógnita…por encima, si lo sabemos ver, sin embargo, se va despejando un cielo claro e infinito… La pintura tiene de bueno, sobre todo en el caso de obras maestras como esta, que no hay necesidad de decir nada para que el cuadro comunique con el espectador…en este caso, aunque pudiera yo decir mucho más, todo sobrará e incluso sobra también lo que he dicho…

Este cuadro de Friedrich, es una representación del Misterio con mayúscula. Del sobrecogimiento ante eso que nos supera y que sin embargo intuimos como nuestra verdadera salvación.

Friedrich me ayudará a señalar un nuevo elemento en esta recorrido. El elemento más dramático, sin duda, pero absolutamente inevitable. Aunque voy a encaminarme hacia este nuevo aspecto, antes quiero mostrar alguna obra de Friedrich, representativa también de esa entrega confiada a la luz de la que hablé en las primeras obras que hemos visto de Spencer Y Bellini. En este caso no se trata de  luz matinal sino vespertina, pero no cambia nada, existe  la misma disposición y abandono. Como después sacaré a colación el cuadro quizás más dramático de este pintor, he incluido este cuadro, porque no me gustaría dar una visión de Friedrich (para el que no le conozca) como el clásico pintor romántico taciturno y atormentado …Aunque seguramente sería un poco de ambas cosas, muchos de sus cuadros trasparentan una

luz primordial, en la que no cabe ya duda de fe alguna y es, como diría Van Gogh: una ”pintura consoladora”.

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Este cuadro se titula “Mujer frente al sol poniente” y aquí si que definitivamente sobran los comentarios, así que me callo…

Esta es otra obra de Friedrich que nos muestra una visión muy diferente. Es una imagen profundamente relacionada con la muerte y el caos. Esta es la otra dimensión inevitable de este tema que intento señalar…

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Cuando Friedrich tenía trece años, su hermano murió tratando de salvarle de morir ahogado, al romperse el hielo sobre el que patinaban…Tal vez el recuerdo de esto, influyera en esta poderosa imagen de desolación. Este cuadro titulado “El mar de hielo” parece un sueño sin sentido y fue muy mal aceptado por la crítica y el público en su momento. No era nada habitual un paisaje tan duro y seco como este…No se consideró ni siquiera un paisaje…Nada escapa al hielo en el  cuadro…Todos los estratos del ser parecen haberse congelado…El nombre del barco que se entrevé atrapado es “Esperanza”…Sólo la brumosa luz que ilumina desde arriba, dibuja el umbral de la salida a este congelado infierno. La superficie tersa y la pintura inmaterial característica de Friedrich, parecen  también como una reafirmación de las cualidades oníricas y caducas del mundo. La salida del infierno comienza también por esa aceptación absoluta de las limitaciones y de la caducidad.. En un célebre diálogo zen, un monje preguntó al maestro cómo escapar al calor y al frío (Es decir, a todos los condicionantes de la existencia) y este le contestó que huyera al lugar donde no hay calor ni frío. Cuando el monje ansioso le preguntó dónde se encontraba ese lugar, el maestro le respondió: “En verano déjate morir de calor, en invierno déjate morir de frío”.

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En su obra “Abstracción negra”, la pintora americana Georgia O´Keeffe alcanza como en muy pocas obras una gran hondura, con esta imagen de inmensidad y soledad cósmicas. El tema de este cuadro surgió al parecer durante una operación que le fue practicada a la artista.  Bajo los efectos de la anestesia vio crecer las tinieblas y hacerse más y más pequeña la luz sobre ella… incluso la línea sinuosa del cuadro que construye ese misterioso paisaje sideral lleno de presagios, no es otra cosa que la línea que forma su propio brazo apoyado sobre el rostro…Esta visión, a la vez espiritual y tangible, de tensión e incertidumbre, llena este cuadro de emoción. Vivencias similares de caducidad y muerte, suelen ser los irremediables detonantes que dan sentido a las vidas más plenas y al arte más interesante. Este sentimiento de pequeñez ante el Misterio  con mayúscula que antes he señalado, debería provocar un vaciamiento de sí mismo… debería de ser otro camino para el abandono en los brazos de la Totalidad…Si esto no sucede así, si este salto en el vacío, y este volver a nacer no se realiza, surgen inevitablemente la opacidad y la angustia. El alma queda bloqueada. No se ha podido tener la plena experiencia y la plena intuición de que la muerte no es realmente la cara opuesta de la vida, sino tan sólo del nacimiento. Nacer y morir son opuestos y complementarios. La Vida, realmente, no tiene opuesto. No hay nada contrario a la Vida. Por eso en un texto budista se afirma: “vida y muerte, son la Vida de Buda” y por eso Cristo afirmó ser también la Vida, con mayúscula.

albert pynkham ryder

Esta es una obra del pintor norteamericano Albert Pinkham Ryder (1847-1917). Su título “La pista de carreras”(o “La muerte sobre un caballo pálido”)

Ryder fue toda su vida un pintor excéntrico. Un eremita bonachón, poeta  y delicado, con una pintura siempre trascendente, aún en los temas más triviales, un poco como le pasaba a Van Gogh. Las superficies de sus pequeñas obras en general muy mal conservadas, están dispuestas con un orden y un diseño sorprendentes en su época. Por esta cualidad, y por la originalidad e intensidad de su pintura, influyó definitivamente en toda la pintura americana posterior, primero en el modernismo y después en la abstracción.

Al parecer, el origen de esta obra enigmática, está basada en la historia real de un vecino del pintor, o más bien, es una alegoría moral basada en esta historia. Este hombre perdió su casa y todo lo que tenía apostando en las carreras, y después se suicidó. Ryder construyó su cuadro sobre esta historia con un toque macabro de advertencia.

El caballo y el jockey fantasmal, con aparente entusiasmo, corren por una pista estéril y desolada, sin duda la vida, que desaparece en la oscuridad… La serpiente, un símbolo de tentación y decadencia les acompaña…Ryder trasforma la búsqueda y el deseo de riqueza y  los juegos de azar, en una invitación a considerar la brevedad de la vida y nuestra locura e ignorancia… (Este cuadro podría estar realmente dentro de ese género tradicional de la pintura que se llama “vánitas” y que trata de eso precisamente, de recordarnos la “vanidad” de todas nuestras ansias).

Hablar del tema del sentimiento de lo sublime y lo religioso en y por la pintura, es casi imposible, sin hacer al menos alguna referencia a pinturas de otras culturas, que, por supuesto, también comparten nuestras mismas básicas  preocupaciones. A mi entender, la pintura china tradicional puede ser un buen representante de esas otras culturas y de cómo se han enfrentado a este tema de maneras diversas, pero no por ello menos profundas. La pintura china es inmensa y variada. Desde luego tan inmensa y variada como la occidental, aunque ya sé que nos parece justamente lo contrario. Esto se debe sencillamente a nuestro desconocimiento y a lo difícil que nos resulta entrar en unas pautas estéticas y culturales tan diferentes (Me estoy refiriendo, por supuesto, a la pintura china tradicional, no al arte chino contemporáneo que es tan homogéneo e “internacional” como el mercado actualmente requiere). Quisiera mostrar un par de obras de pintura china, para tratar de elevarnos nuevamente y dejar ya atrás en lo posible, esa oscura “Pista de carreras” de Ryder…

Esa capacidad de difuminar las diferencias entre paisaje y pintura religiosa, de la que antes he hablado, entendiendo el concepto de “religiosidad” de un modo amplio y profundo, puede aplicarse, sin duda, a la pintura tradicional china, en el que el paisaje por sí mismo, siempre tuvo un lugar absolutamente preponderante.

Shen Zhou

Esta es una pintura del pintor chino Shen Zhou (1427-1509). Su título es “Paseando con un bastón”. Está dentro de la tradición china de lo que se llamaba: “Copiar los antiguos maestros”, es decir, hacer cuadros basados en el estilo de determinados grandes maestros anteriores, aportando novedades y originalidades propias. Esta manera de crear, que ha sido despreciada y muy mal comprendida en occidente, ha sido esencial para aportar variedad y cohesión en toda la pintura china. No voy a entrar en los detalles particulares de esta obra que, en este contexto no nos interesan. Sólo muestro la pintura para comentar un poco su paralelismo con el “Monje en la playa” de Friedrich. Vemos otra figurita con la que podemos identificarnos, se mueve en un paisaje también monumental… Sin embargo, a pesar de que uno cree sentir la tremenda fuerza que emerge del terreno y aunque pueda elevarse también un sentimiento de pequeñez, todo está aquí bañado de unidad, certeza y lirismo. Parece existir una extraña resonancia entre las montañas y el peregrino. La pintura china antigua, desconoce el dramatismo y la dualidad que hemos visto, por ejemplo, en Friedrich, al menos un dramatismo tan desgarrador tal y como nosotros lo concebimos. Tanto la pintura como la poesía chinas, sí conocen la soledad y la tristeza, pero incluso en la desolación más grande, parecen trasmitir siempre un extraño sentimiento de plenitud y no-dualidad. En este aspecto, no estaría de más citar una frase del propio Friedrich:” Debo rendirme a lo que me rodea, unirme con las nubes y con las piedras para ser lo que soy”

wu zhen

Aquí tenemos la obra de otro importante artista chino, Wu Zhen (1280-1354). En realidad es un fragmento de un rollo horizontal cuyo título es “Pescadores”.  Wu Zhen tomó por tema la región donde vivía, la monótona y llana región de Kiang-Nan, llena de canales y cursos de agua. Vivió alejado de la vida pública como tantos otros “pintores letrados”, es decir, que rechazaban los cargos públicos para vivir en un prudente retiro.

Los pescadores retratados a menudo por Wu Zhen, son ociosos y rara vez están pescando. El de este cuadro, nos da la espalda y está absorto en la contemplación del paisaje…Este paisaje ya no es, desde luego, dramático, ni siquiera monumental, como sucedía en la obra anterior…Está formado por tres colinas sencillas, como conos  y una lejanía de montañas de similar altura como olas del mar…y sin embargo, hay algo fascinante y encantador en la luz y en el ritmo de ese extraño relieve…algo que parece embobar al pescador y también nos cautiva a nosotros…La tranquila dulzura de la pintura de Wu Zhen, parece banal y poco elaborada…pero eso es precisamente, lo que resulta más profundo y más admirable en él, desde el punto de vista de la estética china. El objetivo de pintores como él, era hacer obras aparentemente “banales” y que sin embargo tuvieran en su interior algo sutilmente conmovedor, personal y profundo…En las propias palabras de Wu Zhen es como: “El sabor en el interior de lo cotidiano”….Ya hablé antes un poco de esa transfiguración de lo cotidiano, en unas obras mucho más cercanas a nosotros…

Trascender la dualidad, dejar reposar la vida en algo que la razón no puede del todo medir, que la palabra no puede del todo expresar, no es anular los opuestos que son la base de la existencia, sino dejarlos coexistir con toda su fuerza, pero no considerándolos ya como el más alto nivel de la realidad…Cristo mismo explicó cómo el Espíritu es igual al viento que mueve los sembrados aunque no podamos verlo… En este aspecto, en el lenguaje espiritual cristiano se habla también de convivir con las antinomias…

Quiero mostrar ahora, casi ya para terminar, una de las dos pinturas abiertamente devocionales de todo este recorrido. Se trata de  “La resurrección de Jesús”, una pintura interior del retablo de Isenheim, del pintor alemán Matías Grunewald.

grünewald

Esta es  una representación perfecta de la fuerza de la pureza y la inocencia. El rostro de Cristo, es pura luz. Una salida del sol en plena negra noche…Un amanecer definitivo…Son esas “tinieblas luminosas” de las que habla la Biblia… , Chesterton escribió: “Aceptarlo todo, es un ejercicio y robustece, entenderlo todo, es una coerción y fatiga”.

Hace tiempo que se han descubierto las cualidades terapéuticas de este “juego de inocente profundidad” que es la pintura (recordando una vez más la definición de Klee). También muchos ven claramente que la pintura no está lejos de actividades como la oración o la meditación… Nada de esto es algo excepcional, siempre ha sido así. Una sola energía alienta en estas actividades y una misma absorción las abraza…No es un descubrimiento nuevo, ni algo que esté sujeto a técnicas nuevas o a nuevas recetas espirituales, o debamos ponerle algún nuevo nombre para vendérselo a los incautos…No, la acción de pintar siempre tuvo esas cualidades y esa profundidad…

Sólo cuando uno desaparece en el acto de pintar, manteniendo la tensión y la emoción que le lleva a ello, tiene su obra la posibilidad de comunicar algo, tanto a él mismo como a los demás.

Este no estar presente es la verdadera fuente de la espontaneidad. Pero esa espontaneidad no es rapidez…la hierba crece despacio…y también espontáneamente…

hakuin

Este es un “Enso”, es decir un “círculo” del pintor japonés y maestro zen Hakuin Ekaku (1685-1778). El “enso” es un motivo tradicional en la vía japonesa del pincel y la tinta o “hitsuzendo”. Es a la vez un ejercicio de concentración y un símbolo de unidad y vacuidad del universo. Consiste simplemente en trazar un círculo y sin embargo, hay obras maestras con este simple “tema pictórico”. Esta de Hakuin, es desde luego, una de ellas  y rebosa potencia y concentración. Las caligrafías en el espíritu de la vía del pincel, no son arte, en el sentido profano del término, como tampoco lo son los iconos o los tankas tibetanos u otras manifestaciones sagradas de este tipo.  Aquí es evidente que el  alma individual se ha vaciado y se ha unificado con la única sola Alma que penetra todo el universo… Esta pintura es casi como un pedazo vivo de naturaleza. Pero no es sin embargo algo totalmente impersonal. La personalidad indómita del maestro Hakuin aún está presente…Este vaciamiento en el acto de pintar, no aniquila la personalidad del pintor, la hace vibrar también en la obra, pero de una manera armoniosa y supeditada a una Vida mayor.  El círculo zen de Hakuin se ha hecho por sí mismo; denso y lleno de energía, su significado más profundo no puede separarse ni un milímetro del acto de su realización…Este círculo del que surge la vida, me recuerda un poco a un poema de la poeta norteamericana Emily Dckinson que comienza diciendo:”Todas las circunstancias, son el marco donde Su rostro surge”…

andrei rublev

He querido terminar este personal recorrido por el territorio que ha sido fuente de emoción y de energía para muchos pintores (y creo que puede continuar siéndolo aún) con el icono de “La Santísima Trinidad”, del monje y pintor de iconos ruso Andrei Rublev (1360,70-1427,30).Ante esta obra maestra se hace evidente que el resultado final de toda la búsqueda de lo sublime, debe ser necesariamente una imagen concreta y con significado. La forma sin alma es sólo una ornamentación estéril, muy propia de nuestro mundo actual, pero el intento de representar o de capturar solamente el alma, solamente la luz, está destinado también al fracaso. La Realidad con mayúsculas no puede ser pintada. La luz debe iluminar, debe de tener suficiente humildad para encarnarse, para aceptar el juego de la dualidad y las apariencias. Esta es sin duda una de las lecciones más claras de la Trinidad de Rublev. No nos es necesario que sepamos sondear la complejidad del simbolismo teológico de este icono…La luminosa y serena composición, los colores y los rostros, la grandiosidad e intimidad que de él se desprenden, son ya un discurso suficientemente elocuente. La luz increada de la que hablamos al comienzo de este recorrido y que baña también este cuadro, ilumina al mismo tiempo las entrañas del pintor. El pintor da vida a su pintura con lo que le da la vida a él…Este es quizás el único secreto.